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El umbral del tiempo

Por Marcelino Canino Salgado, Ph.D

 


INDICE

Dra. Loreina Santos Silva

Dra. Blanca Borges

Dr. Reynaldo Marcos Padua

 

 

 

La novela El umbral del tiempo (2005) de Margarita Maldonado Colón, no puede catalogarse dentro del bum de narraciones feministas y feminoides de los últimos 15 años. Contrario a los iconos que aparecen en las novelas del cacareado bum, donde las recetas de cocina, los problemas de relaciones eróticas, los hijos como responsabilidad exclusiva de la madre, el ambiente circunscrito a lo doméstico, para, desde lo soterrado de la conciencia, exponer la lucha entre matriarcado y patriarcado, son temas que adoptan en esta novel escritora avenidas y matices totalmente distintos. Si nos adentramos en su mundo novelístico sin conocer quién es su autor, podríamos atribuir la obra a un reformador o crítico social sereno e implacable, pero de naturaleza masculina. Ahora bien, ese supuesto narrador tiene giros de sensibilidad que trasciende el machismo del revolucionario estridente y con barbas desaliñadas, entonces por eso pensaríamos que se trata de un narrador en quien la cultura humanística y las lecturas sobre justicia social han logrado limar las asperezas de la rebeldía masculina y en extremo, machista. O quizás la de una mujer sensible que se viriliza a través del desarrollo de su conciencia política y social, y que, con la especial naturaleza de la inteligencia femenina arremete de forma efectiva contra los males e injusticias de la época. Mas al percatarnos que el autor es una mujer madura, educada, e investigadora de la historia y literaturas patrias, madre, esposa, abuela, no saldremos del asombro al ver una novela tan masculina en sus planteamientos, en su estructura, en sus implicaciones semánticas sociológicas, y carente de los loci ( lugares comunes) de las novelas del bum. En este sentido podemos decir que es en apariencia una novela de tesis tal como, en cierta medida hizo Virgil Gheorghiu en La hora veinticinco. No obstante no podemos afirmar ni enumerar planteamientos específicos de la autora que puedan señalarse taxativamente como críticas directas; todo está insinuado o expresado de forma tácita. El ojo narrativo de la autora es periférico o periscópico, tiene las propiedades del "wide angle" o el "fish eye",de la cámara fotográfica, y sobrepasa estas condiciones físicas pues registra de manera imperceptible una atmósfera donde los cinco sentidos se cruzan sinestésicamente en función de la ideología que se propone. Por eso la autora toma disimuladamente al lector como confidente, convirtiéndolo así en partícipe de los hechos narrados para comprometerlo e involucrarlo con la realidad histórica y el mundo de contingencias que les ha tocado vivir. Mas por otro lado el lector se convierte en una especie de personaje fantasma y polifacético: es emisor y destinatario simultáneamente. La autora es lectora y destinataria que interpreta su propia realidad.

 

El drama amoroso trasciende los modelos de los enverijamientos de las novelas hispanoamericanas... El amor de la protagonista Aurora por Inabón, va más allá del atractivo corporal, de las urgencias de los sexos, sin eliminar el Eros, ese amor está fundamentado –como dice la protagonista Aurora– en" reciprocidades de sentimientos, claro, porque nos asomamos juntos al espejo del alma". Esta declaración sincera y hermosa nos lleva a considerar seriamente una interpretación jungiana de la fusión de ánima y ánimus: pues la unión armónica que se da en el proceso de individuación y desarrollo de cada ser humano y que une lo femenino a lo masculino en forma equilibrada, puede verificarse a través de la narración toda, aunque esto se dé solamente en un meta plano poético y no pragmático.

 

El gozo que siente la protagonista mientras labora intelectualmente con Inabón cuando discutían lecturas del interés de ambos, los guía hacia el compromiso mutuo de carácter político para lograr la redención no solo de la patria, sino además del ser humano que se autolimita y es explotado por un comercio que, como vampiro desangra los bolsillos de los humildes e inconscientes. Y sin establecer líneas muy finas de diferenciación, hay que señalar que, tanto en la Avenida de Diego como los modernos Molles, no dejan de ser en uno y otro caso, almacenes de baratijas innecesarias para lo esencial de la vida. Las enumeraciones narrativas que hace la autora van más allá del simple señalamiento: son actividades y disquisiciones críticas que la unen solidariamente con la ideología social de Inabón. El Círculo de Estudios al que acuden es, entonces, fuente de compromiso y de formación política y social. En otras palabras, a través del estudio podemos alcanzar algún grado de superación personal e independencia liberadoras. El amor por el estudio y por la causa humanitaria, así como el trabajo en el Círculo de Estudios, no suprimió en ellos los naturales episodios de ternura y atractivos sexuales que surgieron factualmente o que de una forma u otra, desearon. En variadas ocasiones la protagonista expresa su deseo de estar físicamente con Inabón, entiéndase sexualmente. Mas la autora plantea que se puede amar de distintas maneras. Es que en realidad el verdadero gozo trascendente y perenne del amor, va más allá del coito genital que se destina, en esencia, a la reproducción como trampa que nos tira la naturaleza. Sin embargo, todos los encuentros de Inabón y Aurora son una especie de coito ininterrumpido, en su sentido más primigenio, en el sentido latino de conuctio, de unión de cuerpos diferentes. En ese sentido es una narración de tono psicológico y filosófico. La conuctio, constituye un coito y es de naturaleza intelectual y espiritual: razón y pasión armonizadas en perfecto sophrosyne...

 

Pero los episodios del amor, ya bien Ágape o ya bien Eros, tienen su nódulo de reposo y el Hombre, el ser humano, comienza entonces a experimentar el sentimiento de la soledad. Las alusiones a pasajes de carácter esotéricos, así como las referencias a trozos filosóficos de Federico Nieztche en Así habló Zaratustra, junto a otros iconos culturales, son manejados por la autora para crear una atmósfera de expectación y misterio: El estrecho pasillo oscuro de aquel edificio desaliñado, los siete peldaños que dan acceso a un sótano misterioso, donde posiblemente estuvo ubicado el cuarto de reflexiones para las iniciaciones de una logia masónica, libros antiguos, manuscritos corroídos por el tiempo... Todo como símbolos del saber humano y transitorio, además de aludir al sendero que conduce a nuestro ser interior, al mundo de nuestra propia sombra... Ahí es donde habita la humana verdad, nuestro guardado e ignoto secreto arcano. Transitar por estrechas galerías, descender los siete peldaños de una escalera oscura, adecuar la visión al espectro de la luz que proyectan las velas de parafina como ejercicio de focalización, quedar cegado ante la esplendorosa luz del día, es el viaje por la vida en búsqueda del sentido sin sentido de ésta, la búsqueda de la luz que ilumina pero a la vez ciega... Es la concepción de la vida como viaje, como tránsito... Los capítulos VI y VII tienen un rancio élan que recuerda la alegoría de la caverna de Platón. Y es natural que por los poros de la narradora, sin pedantería alguna, se destilen sus lecturas y conocimientos. El concepto del tiempo al que se alude va más allá del " tempus fugit" y alcanza aquí dimensiones humanas que, aunque no tienen los planteamiento agustinianos, –¡gracias a Dios!– conmueven al lector sensible. Es una concepción del tiempo y la eternidad como eterno presente que es el aquí y el ahora. Lo trascendente está en la posibilidad de la trascendencia misma, es un estado intelectual, o mejor, intelectivo. Por otro lado, el locus, el medio y lugar donde transcurren los hechos no es un escenario conservado en óptimas condiciones, y cuando es agradable se trata de un moderno centro comercial encerrado en un paraíso artificial de aire acondicionado, un Huerto del Edén donde hay que pagar por todo. La narradora en numerosas ocasiones hace gala de su conocimiento taxonómico de plantas, flores, batracios, mariposas, árboles y todos aquellos elementos de la naturaleza que el hombre contemporáneo, por ignorancia o necedad ha maltratado y olvidado. Todas estas enumeraciones para señalar parte del universo natural que hemos destruido. El hombre es responsable de su propia ignorancia y solo el estudio puede redimirlo de la explotación y la marginación que padece, de esa profunda soledad que crea el vacío de convicciones. Ya aquel locus amoenus, el lugar paradisíaco de que nos hablaba Gonzalo de Berceo en Los milagros de nuestra Señora ha ido desapareciendo de la realidad factual puertorriqueña. Los desarrolladores inescrupulosos, los explotadores y explotados forman una cadena de lapas inseparables e insensibles. Por otra parte, las sutiles alusiones a Betances, así como a otros nombres del patriciado, los nombres simbólicos de las calles y avenidas, deben ser considerados como símbolos a los que debemos emular, y temas sobre los que debemos reflexionar. El dolor y el sufrimiento, la soledad de espíritu son Némesis perennes que asedian cotidianamente al hombre. Inabón y Aurora, destacan eso, además proponen como atenuante el sendero de la introspección y el amor que, como dice, Saulo de Tarso, es benigno, no busca lo suyo, no se ensoberbece, ni pide nada a cambio... Muchas gracias

 

Leído en ocasión de la presentación de la novela del título arriba indicado en la Casa Aboy, en Santurce, Puerto Rico, el 23 de febrero de 2006, jueves, a las 8:oo PM.

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El ojo narrativo de la autora es periférico o periscópico, tiene las propiedades del "wide angle" o el "fish eye",de la cámara fotográfica, y sobrepasa estas condiciones físicas pues registra de manera imperceptible una atmósfera donde los cinco sentidos se cruzan sinestésicamente en función de la ideología que se propone.