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INDICE

 

Camino abierto

de Anagilda Garrastegui

 

 

Demetria

de Pedro Amador Lloréns

 

Transición

de Pedro Aponte Vázquez

 

Crítica Literaria

Visión de mundo en

Garduña de Manuel Zeno Gandía

Tierra sin gente es desierto,

gente sin tierra es vulgo.

Manuel Zeno Gandía

 

La obra literaria no surge de la nada.  Es el producto social de un sujeto colectivo que en determinado momento histórico expresa en el texto una visión de mundo que se identifica con un grupo o clase social.  Esto se debe a que hay unas determinaciones históricas que repercuten en la conciencia del escritor durante el período previo a la concepción del universo literario y van generando una visión de mundo.  La visión de mundo, según lo establece Lucien Goldmann, es “el conjunto de aspiraciones, de sentimientos y de ideas que reúne a los miembros de un grupo (o lo que es más frecuente, de una clase social) y los opone a los demás grupos.”

Tomando esto como premisa, podemos establecer que la visión de mundo que expresa Zeno Gandía en Garduña es patológica y comprende la conspiración como elemento organizador del texto.  Esta visión de mundo se inserta en una estructura englobante de decadencia de la economía azucarera de hacienda en las postrimerías del siglo XIX.  Dentro de esta totalidad están comprendidas las siguientes estructuras parciales:  el fraude, la decadencia y la impotencia.

La obra literaria de este autor es la expresión de la realidad histórica del Puerto Rico de fines del siglo XIX, comprendida y explicada desde la perspectiva del profesional que observa un mundo que se está transformando como consecuencia de unas determinaciones políticas y económicas que generan unos cambios en la estructura social que afectan a la clase social de la cual procede.  Dentro de esa visión de mundo hay una contradicción;  se trata de la posición conservadora del hacendado frente al liberalismo de los profesionales.  Por un lado, la posición conservadora expresa la aspiración a preservar los valores de la hacienda señorial:  el honor, la dignidad, etc.  Por otro lado, la posición progresista expresa la perspectiva de los profesionales que han estado vinculados a la ideología del progreso.  Esa contradicción evidencia su posición de clase al responder con una visión patológica como respuesta ante el mundo hacendado que se viene abajo.  La visión patológica es la concepción de la sociedad, a nivel individual y colectivo, como un organismo enfermo.  Es una forma del positivismo. Este movimiento filosófico es una concepción cientificista que tiene como primer postulado una exigencia de realidad mediante la apreciación sistemática de los hechos y, como segundo postulado, un sentido de utilidad que le da significación a esa observación, pues su finalidad es un mejoramiento de la condición individual y colectiva y, por ende, de la sociedad.  A esa exigencia de realidad en la literatura Lukács la llama “refiguración artística de la realidad” porque se relaciona con la posición del autor frente a lo que percibe y cómo lo transforma en producción estética.  Según Lukács, esa pretensión constituye una falsa objetividad porque, en la práctica artística, esa refiguración resulta en una subjetivación del mundo externo por la consciencia del autor.  Esto es así porque los factores que intervienen en la composición de la totalidad dependen —para decirlo con palabras de Lukács— “directamente de la ideología y en última instancia de la clase y posición en la lucha de clases que ocupa el escritor.

Según hemos establecido, el elemento organizador de Garduña es la conspiración.  Esta tiene como motor el fraude, que es el medio que utiliza la mayoría de los personajes para obtener o retener ilegalmente el poder sobre la propiedad y los medios de producción y, de ese modo, lograr el ascenso o preservación de clase.  La conspiración es el elemento que configura la decadencia del mundo del azúcar y la impotencia del hombre asociado a ese mundo.

En Garduña, el fraude es una parcialidad de la conspiración.  Así vemos cómo el abogado conspira para cometer el fraude contra los hacendados de Paraíso y contra la sucesión Mina.  Aunque en un momento determinado de la acción el fraude es el foco de atención, especialmente en el momento de la redacción del testamento, no es así durante toda la trama.  Más bien es el resultado de una conspiración que se prolonga más allá de la ejecución del fraude.  El objetivo de este es proveer el medio para que Garduña pueda apropiarse ilegalmente de los bienes y la fortuna del hacendado.

La conspiración adquiere significación en la lucha de clase;  esta lucha como situación social determinada está siempre presente en cualquier texto literario porque media la visión de mundo del sujeto colectivo. En la lucha de clase en Garduña intervienen distintas categorías sociales, pero el conflicto principal se concentra en una lucha entre dos capas de la clase propietaria.  Por una parte están los hacendados, que constituyen la sacarocracia y, por otra, están los comerciantes que pertenecen a una burguesía urbana comercial.  Entre estas dos capas de la clase propietaria se encuentra un sector que representa una pequeña burguesía profesional incipiente.  Dentro de la situación social diferenciada están también las clases populares que el autor relega a un segundo plano porque no responden a su visión de mundo.  Estas están constituidas por esclavos, trabajadores, minifundistas y desposeídos.  Son unas clases marginadas y su función en el universo literario es secundario, pero no menos importante.  La tendencia a minimizar la importancia de su fuerza productiva es una forma de suprimir el trabajo como fuente de capital.  Esto hace que Zeno se ponga en una posición contraria a las clases populares porque su visión de mundo se identifica con la clase propietaria.  Presenta —igual que en La charca— a las clases populares como una masa amorfa, sin rostro, sin aspiraciones y sin posibilidades para asumir una posición definida en el devenir del mundo económico representado en ese universo literario.

Una estructura importante en este texto es la decadencia.  La historia de Mina de Oro y su progresiva decadencia es, a juicio del autor, el resultado de una conspiración que se produce entre los distintos grupos sociales que luchan por adquirir el poder sobre la propiedad.  En el momento en que comienza la acción, la clase social predominante es la de los propietarios y dentro de esta, la capa de los hacendados de la caña.  Estos están representados en la figura decadente y moribunda de Tirso.  Hasta ese momento tiene en sus manos los medios de producción que le dan acceso al poder económico y social.  El autor escoge el momento de agonía y muerte del hacendado para iniciar la acción y de ese modo representar la disolución de esa capa de la clase propietaria como sector hegemónico en el mundo económico y social de fines del siglo XIX.  Tirso representa el sector decadente de la clase propietaria y su agonía y muerte es la transposición literaria de la decadencia.  También lo es la infructífera gestión que realiza la sucesión por la restauración de su posición en el poder.

Otra estructura importante es la impotencia.  Ocampo, el antiguo militar, aliado al hacendado y asociado a la fundación de la hacienda, es el que representa la gestión para restaurarle la propiedad a la legítima sucesión.  Es el mediador entre el viejo orden y la nueva generación llamada a preservarlo y cuya representante es Casilda, la heredera desplazada.  Esta representa una generación que es impotente para darle continuidad a un sistema que ha perdido vigencia.  El autor atribuye la impotencia de la sucesión y la virtual decadencia del mundo del azúcar a la conspiración que fragua Garduña, figura prepotente y temible que representa una estructura de dominación conformada por la opresión y la corrupción.  A través del sarcasmo y la ironía, el autor expresa inconformidad hacia el modo en que está organizada la administración del poder, que tiene pleno control de la actividad económica y por ende, política, del mundo que representa.  Es una crítica mordaz dirigida contra un sistema de dominación opresor que está en oposición al pensamiento liberal-progresista del autor.  El hecho de atribuirle el poder a un anti-héroe como Garduña expresa una ausencia de valores en ese universo literario, que oculta y revela a la vez una búsqueda de valores positivos a través de la crítica al sistema socioeconómico que prevalece.  Es una crítica solapada que se evidencia cuando el narrador dice:

Dábase Garduña tono de autoridad competente, mientras la brigada de jíbaros y la negrada le oían con la boca abierta, considerándole como a un ser superior, de proporciones gigantescas, como a un mito, como a un Dios.

También se advierte la censura en las palabras que el autor pone en boca de Ocampo:  [...] Aquí los grandes bandidos andan sueltos:  róbate una hacienda y no te pasará nada, pero ¡pobre de ti si te pescan robando una caña!  Irías a la cárcel.

A través de las palabras de Leonarda se trasluce también el resentimiento hacia la administración, que tiene una significación política mediatizada:  “Lo que importa es el sistema que sigue Garduña en su administración, en la que parece el único dueño de todo.”   Y la sugerencia de sublevación que hace Sulpicio:  “Lo que la sucesión Mina debe hacer, es lanzar por el balcón a Garduña, quitarle el poder.” El licenciado Garduña representa a un grupo social emergente, el profesional.  En el momento en que comienza la trama se desconoce su origen.  Es la primera figura que aparece ascendiendo por la montaña y colocándose en un lugar prominente para dominar con mirada vigilante todo Paraíso, fuente de poder y riqueza.  Como clase profesional conspira para desplazar a los hacendados y sus herederos como dueños de los medios de producción.  Su aspiración es participar del poder económico, pero no mediante la preservación del sistema económico vigente basado en la producción azucarera de hacienda, sino mediante el desplazamiento de éste a través de un acuerdo con los comerciantes. Hay armonía entre el profesional y los comerciantes.  Se trata de un relativo acuerdo de clase en el que obtienen en el proceso, riqueza y prestigio social.  El profesional es el que organiza la conspiración. Recurre a todo para obtener el poder administrativo, aunque los comerciantes son los que tienen el poder económico.  No obstante, Garduña conserva su independencia y se sitúa como una prepotencia en el aspecto administrativo.  Zeno Gandía utiliza a Garduña para representar una administración corrupta e incompetente que es incapaz de mantener el sistema en funcionamiento porque el único fin que lo mueve es el lucro personal que logra a través de la manipulación de las leyes.  Esta es la transposición literaria de la situación política y económica de la Isla en ese momento histórico.  El triunfo de los comerciantes, al final de la novela, es la confirmación del triunfo de una clase usurpadora y del desplazamiento de la hacienda de cañas como medio de producción principal de ese momento.

La conspiración es la estructura que configura las relaciones en Garduña:  la relación con el hombre, con el mundo y con la búsqueda de valores.  La relación del hombre en esta novela es problemática.  Hay una confrontación constante entre los personajes en la que la trampa y la intriga se imponen, impidiendo toda posibilidad de superación para los personajes que representan, desde la óptica del autor, los valores positivos.  Ese es el caso de Sulpicio, Ocampo y Casilda, que sucumben ante la conspiración urdida por Garduña.

La relación con el mundo también es problemática.  El autor presenta un mundo degradado en el que prevalecen los valores de cambio.  Ese mundo está en decadencia y está conformado por la confrontación.  Es un mundo escindido en el que hay una lucha constante entre grupos que aspiran al poder.  La posición del autor frente a ese universo literario contribuye a crear la oposición entre los personajes que se identifican con valores positivos y los que se rigen por valores negativos.  Se sitúa al lado de los que pertenecen al mundo agrícola y que identifica con los valores positivos, pero no le concede posibilidades porque ese mundo está estructurado para que fracasen.  Los personajes que se asocian a la tierra y que pertenecen ese grupo son:  Sulpicio, Ocampo y Casilda.  Los que triunfan son los personajes asociados al comercio y a las leyes.  En ese grupo se encuentran Garduña, Gil Pan, Casapica, Madeja, etc.  Es el grupo que pertenece al sector dinámico del mundo social y económico de ese momento histórico.  El autor le atribuye impotencia a los personajes que representan valores positivos porque el mundo está configurado para que estos personajes no puedan lograr la superación donde prevalecen los valores negativos.  Esta impotencia se representa en la imposibilidad de Casilda para asumir la dirección de la hacienda.  También se expresa en la huida de Sulpicio al no poder coexistir en un mundo orientado por valores opuestos a los suyos, así como en el fracaso de los hacendados para prevalecer en el poder frente a un sector pujante y dinámico como el de los comerciantes.  El mundo asociado a la producción de azúcar está poblado por hombres impotentes porque es un mundo que se derrumba. Garduña tiene su génesis en un momento de crisis cuando la economía azucarera fundamentada en la hacienda como infraestructura, desciende y es desplazada por la del café.  En el contexto histórico ya señalado, la historia de la familia Zeno Gandía adquiere significación no sólo como una situación particular sino colectiva ya que es un microcosmos de la situación social que afectó a la capa hacendada de la clase propietaria de la cual procede el sujeto colectivo de Garduña.  Este expresará, a través de su visión de mundo, la situación problemática de esa crisis desde la perspectiva de una posición de clase que está determinada, en gran medida, por su procedencia de clase.

En el trabajo de investigación Garduña:  el mundo del azúcar y el drama de una confrontación incorporamos a nuestro análisis la búsqueda de materiales documentales en fuentes primarias, utilizando recursos de la investigación historiográfica.  La información obtenida en esa búsqueda nos revela, por una parte, que Zeno Gandía procedía de una de las familias de hacendados más acaudaladas de Arecibo que formaban parte de una élite de hacendados provenientes de militares y, por otra, el proceso de decadencia de esa clase social.  Ese fue el caso de Bernardo Zeno, Fernando Correa (bisabuelos del autor), de Manuel Antonio Zeno, Ramón Gandía (abuelos del autor) y Manuel de Jesús Zeno (padre del autor), entre otros.  Todos fueron militares que participaron del poder político, económico y social.

El tránsito de esta familia por el período de auge y decadencia de la producción azucarera ilustra bien el proceso.  Los antecesores de Zeno Gandía forman parte de una élite arecibeña de hacendados provenientes, en la mayor parte de los casos, de militares que en su momento tuvieron en sus manos poder político, económico y social.  Participaron de la “época de oro” que abarcó la mayor parte del siglo XIX.  Cuando comienza el auge azucarero a fines del siglo XVIII, Bernardo Zeno, bisabuelo del autor, se desempeña como capitán de milicias del ejército español.   Como militar, tuvo acceso al poder político cuando desempeñó el cargo de Teniente a Guerra de Arecibo en distintas ocasiones a fines del siglo XVIII.   Tuvo varios hijos, entre ellos, a Manuel Antonio Zeno.

Manuel Antonio (abuelo del autor) tomó posesión de la hacienda Puente Bagazo en l8l2 y en l845 era la más grande de Arecibo con una extensión de 3,700 cuerdas de terreno.   En l826 poseía 26 esclavos y para l845 la cantidad de estos había ascendido a ll5.   Esto convertía a su dueño en el mayor esclavista de la Villa y en el mayor contribuyente.  En ese entonces, el poder y el prestigio social se medía a base de la cantidad de tierras y de esclavos que tenía el propietario. El dueño de la hacienda Puente Bagazo, Manuel Antonio Zeno, se une en matrimonio con otra propietaria, Micaela Correa.  Era usual el matrimonio entre propietarios, lo cual servía como medio para incrementar las posesiones y a la vez conservar el prestigio social. Micaela Correa procedía de una de las familias más antiguas y prestigiosas de la región.  Ella figuraba como propietaria de 200 cuerdas en el hato Sabana Hoyos.

De la unión matrimonial de Manuel Antonio Zeno y Micaela Correa (abuelos de Zeno Gandía), nace Manuel de Jesús Zeno Correa (padre de Zeno Gandía), quien también fue militar.  En l86l era Comandante y Presidente Corregidor de la Villa.  En l866 fue Comisionado de Puerto Rico a la Asamblea Ultramarina y se establece con su familia en Barcelona.  Durante su gestión en la Asamblea Ultramarina asume una posición conservadora.  Solicita reformas para la Isla, que estaban encaminadas a desarrollar las obras públicas con el fin de hacer más accesibles las tierras para su explotación.  Sostiene la posición de los propietarios en cuanto al desarrollo de la infraestructura económica.  Además, defiende la esclavitud y disiente de la posición liberal respecto a los problemas sociales y políticos de la Isla.   Debido a la posición conservadora que asume, será criticado fuertemente y Zeno Gandía saldrá, posteriormente, en su defensa con el artículo “Arre allá, chusma”.  Manuel de Jesús Zeno Correa, padre de Zeno Gandía, estaba casado con María de la Concepción Gandía Balseiro, hija de Ramón Gandía, un militar y propietario quien estaba casado con Bárbara Balseiro (abuela materna de Zeno Gandía).   Eran propietarios de la hacienda Santa Bárbara.  La propiedad estaba ubicada en el barrio Cambalache y comprendía 345 cuerdas.   Tenía una fuerza de trabajo de l8 esclavos y l0 trabajadores libres.  Bárbara, también era propietaria de la estancia Islote en el barrio del mismo nombre.  El matrimonio de Manuel de Jesús Zeno Correa y María de la Concepción Gandía Balseiro fue sucesor de la hacienda Puente Bagazo por una parte y por otra, de la estancia Islote y la hacienda Santa Bárbara.

En la década del '70, se agudiza la crisis azucarera.  En l863, la sucesión Zeno aparece constituida como una sociedad agrícola con el nombre de Zeno Hermanos.  En l875, el poder administrativo pasa a Manuel de Jesús Zeno Correa (padre de Zeno Gandía), quien había regresado a la Isla a manejar los asuntos de la hacienda Puente Bagazo, que se encontraba en situación precaria.   El propósito de la creación de la sociedad fue tratar de sufragar los gastos y pagar las deudas contraídas para evitar la quiebra y mantener la hacienda en funcionamiento.  Esta situación se ha atribuido a la mala administración de los bienes por un apoderado que, según una versión familiar, realizó unos negocios fraudulentos en perjuicio de los herederos que para ese entonces se encontraban residiendo en Barcelona.   La caída de la hacienda se le atribuye al fraude.  Lo cierto es que los hacendados de la caña confrontaban problemas relacionados con la baja de precios en el mercado internacional debido a la competencia y a la falta de capital.  La sociedad Zeno Hermanos no pudo superar la situación y, como consecuencia, la casa comercial G. Ledesma y Compañía le embargó, en julio de l878, la cantidad de 64 cuerdas.   En ese mismo mes, otra casa comercial, Torres y Compañía, embargó lo que quedaba de la hacienda con el ingenio, ubicada en un predio de 5l cuerdas.   Es significativo que una hacienda que en l846 constaba de 3,700 cuerdas, en l878 se redujera a 5l cuerdas.

La hacienda Santa Bárbara y la estancia Islote corren una suerte similar a la hacienda Puente Bagazo.  Los herederos deciden vender la hacienda, incluyendo la estancia, para evitar el embargo debido a las deudas contraídas con suplidores de equipos y suministros.  El mayor acreedor es G. Ledesma y Compañía.  Durante sus años de formación, dentro y fuera del país, Zeno Gandía vive una época de transformación económica y social de la capa de los hacendados de la caña.  Su historia familiar es un microcosmos de esa situación.  Estos tienen su apogeo con el auge de la producción azucarera y debido a unas determinaciones históricas y económicas, pierden el poder económico y la hegemonía social, mientras los comerciantes —la otra capa de los propietarios— retienen el poder económico.

En Garduña vemos representada toda esta situación de pérdida de la propiedad.  A través de todo el texto, el autor muestra el conocimiento de primera mano acerca del funcionamiento de una hacienda azucarera.  Describe sus transacciones, su maquinaria, su modo de producción y todas las operaciones relacionadas con la producción del azúcar.  A través de la trama de Garduña, la hacienda es la que produce el conflicto;  se generan unas consecuencias que resultan en la decadencia de ese modo de producción.

Durante el período menos conocido de la vida de Zeno Gandía —que cubre desde la fecha en que se establece en Puerto Rico (1875) hasta el momento en que abandona su carrera de médico (1902) para dedicarse al periodismo y a la política— interviene en una serie de transacciones económicas vinculadas a la adquisición de tierras para el cultivo del café.  El mismo autor lo confiesa:  “Fui años hace, cafetero.  Me ofreció la cordillera cerezales […].”

En 1883 se casa con Ana Antongiorgi Franceschi, hija de Francisco María Antongiorgi, quien era natural de Córcega y comerciante radicado en Yauco en 1872.   Este era sucesor de la hacienda de cañas María que heredó de su padre el corso Juan María Antongiorgi.   Francisco María Antongiorgi estaba casado con María de los Angeles Franceschi, hija de Antonio Franceschi Franceschini y de la criolla Pascuala Rodríguez.  Antonio Franceschi era comerciante y pertenecía a una familia que era propietaria de la hacienda de cañas Estrella.   Del matrimonio Antongiorgi Franceschi es que procede Ana Antongiorgi, esposa de Zeno.  Ella aporta al matrimonio parte de la herencia que le corresponde de la hacienda cafetalera Anita.  El matrimonio vende su parte de la propiedad a Angela Franceschi en junio de 1892.

Llama la atención la participación que tiene Zeno en la administración de los bienes de su suegra.  En 1906 es demandado por su cuñado y otros, reclamando ser los albaceas de los bienes de Angela Franceschi.   Es evidente que estuvo muy vinculado con los procesos de producción y la administración de haciendas.

En mayo de 1893, Zeno compra una finca de café denominada Cataluña, que consiste de 197 cuerdas.   Junto a Julio Ribas, quien aporta la finca Anón de 109 cuerdas, funda la sociedad agrícola Zeno y Ribas.  La duración de la sociedad es de ocho años (hasta 1902);  según el acuerdo, Zeno sería el administrador gerencial y Ribas se encargaría de la producción agrícola.   La finca se dedicaría al cultivo del café.  No obstante, la “época de oro” del café no se prolonga por mucho tiempo.  El cambio político que surge en el 1898 con la invasión estadounidense produce un colapso económico, pues el interés de los nuevos administradores de la colonia se desplaza del café a la caña.  A partir de 1898, perdemos la pista de la sociedad agrícola Zeno y Ribas.   Es posible que al cumplirse el término del contrato se desintegrara como consecuencia de la baja del café.

Zeno Gandía es una figura que evoluciona a la par que se generan unas transformaciones históricas.  Es una consciencia colectiva que transpone la situación histórica al plano de los problemas fundamentales que se relacionan con la posición del hombre respecto al mundo y a los valores relativos que rigen esa consciencia colectiva.  Es significativo que para el momento en que se gesta Garduña, aproximadamente hacia el 1880, las haciendas azucareras de sus familiares se encuentran en franca decadencia.  Esta situación tiene repercusión en la obra.  En esa época era hijo de hacendados de la caña en decadencia y estaba insertado en esa situación problemática como hijo de propietario.  La determinación, a nuestro juicio, es la decadencia del azúcar.

En cuanto a La charca, el autor se encontraba escribiendo el primer borrador, según él mismo atestigua, en 1882.   Cuando se casa con Ana Antongiorgi, rica heredera de hacendados de caña y café, entra en contacto con el modo de producción cafetalero.  Evidentemente, desde que se gesta el primer borrador de La charca, hasta que la publica en 1894, experimentará cambios que expresarán la posición del autor, no ya como heredero de propietarios en decadencia, sino como propietario en sí.  En 1893, antes de publicar este texto, el autor era propietario de la hacienda de café en Ponce.  La ambivalencia de Juan del Salto manifiesta la posición contradictoria del profesional con ideas progresistas y el hacendado de posición conservadora.  Se trata de una contradicción en la posición de clase del sujeto colectivo.

La visión de mundo de Zeno Gandía es contradictoria.  Por una parte, es el profesional educado en Europa, empapado de las corrientes ideológicas que prevalecen en ese momento:  el progreso, el positivismo, el cientificismo, etc.  Por otra, es el hijo de hacendado, acostumbrado a vivir en la opulencia, que al regresar a la Isla trata de recuperar la posición social que durante años ocupó su familia y que se asocia a un modo de vida basado en la producción azucarera de hacienda que ha perdido vigencia.  Entonces, el café es la alternativa, pero el cambio político de 1898 dirige al país por nuevos rumbos.  En la posición del narrador hay una nota de ironía un tanto amarga cuando se refiere a la pérdida de la hacienda.  Expresa, de ese modo, la respuesta y el sentir de un grupo profesional que no ha podido tomar las riendas de la propiedad para lograr colocarse en una posición dirigente con poder económico y hegemonía social.  Expresa, además, la frustración del hacendado en decadencia que ha sido desplazado de los medios de producción.  No es de extrañar, pues, que parte del credo de este escritor se recoja en sus conocidas citas que retratan muy bien su posición de clase a través del discurso de la clase propietaria:  “El amo de la tierra es el amo de la patria.” “Tierra sin gente es desierto, gente sin tierra es vulgo.” 

diciembre de 1996.

(Publicado originalmente en Arcadiana, revista cibernética editada por Ángel Maldonado.)

 

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(c) Margarita Maldonado, noviembre de 2002.